(fotografía de gabriel sanhueza suárez)
Una importante contribución a un debate democrático sobre el desarrollo eléctrico de Chile, acaba de hacer un grupo de organizaciones gremiales, académicos, organizaciones ambientalistas y parlamentarios. Destaca la participación de Ximena Rincón, Antonio Horvath e Isabel Allende entre los congresistas; y de Pedro Maldonado y Antonio Márquez entre los académicos. También de las organizaciones ambientales ciudadanas como Chile Sustentable, Greenpeace, el Instituto de Ecología Política y CODEFF, entre muchas otras.
Después de cinco meses de trabajo, este grupo denominado Comisión Ciudadana Técnico Parlamentaria entregó el pasado 7 de noviembre un documento denominado “Chile necesita una gran reforma energética”, que en 136 páginas presenta un número prioritario de reformas estructurales para la seguridad y sustentabilidad del desarrollo eléctrico chileno.
Se plantea una reforma al mercado eléctrico, la diversificación de la matriz energetica para dar seguridad al desarrollo nacional, la inserción de las energías renovables no convencionales (ERNC), así como el fomento de la eficiencia energética, entre otras.
O sea, lo que hay que hacer para terminar con la crisis que afecta al sector, que se expresa en su alto nivel de contaminación, como producto de la generación a partir de carbón y petcoke. Chile es el segundo país en el mundo, después de China, que más ha aumentado en los últimos años sus emisiones per cápita de gases efecto invernadero.
Crisis que también se enuncia en el elevado precio de la energía; en la inseguridad en el abastecimiento por escasez hídrica pero también por estrechez y congestión en los sistemas de transmisión. Aún la ciudadanía espera saber por qué ocurrió el apagón eléctrico generalizado el pasado mes de septiembre. Quizás no hay explicación porque no tienen idea de lo que pasó. Es la impresión que dejan los cantinfleos* que le escuchamos a las altas autoridades, partiendo por el Ministro de Energía, Rodrigo Álvarez.
Y no por último menos importante, crisis que se manifiesta en las permanentes irregularidades en la aprobación y fiscalización de los sistemas de generación y transmisión, así como en la absoluta concentración y falta de transparencia en el mercado eléctrico. No sólo en las irregularidades para la aprobación del proyecto Hydroaysén, sino también en la construcción de la termoeléctrica de Barrancones y en los mega proyectos térmicos de Castilla, los proyectos Campiche, Alto Maipo, Los Robles y Achibueno, pisoteando la voluntad ciudadana, o sea no respetando los derechos ni las aspiraciones de la sociedad chilena.
Contrasta la diversidad de este grupo, que ha hecho un trabajo inédito, que busca cambiar el paradigma eléctrico vigente insustentable y poco democrático, con la turbiedad que muestra la Comisión Asesora para el Desarrollo Eléctrico, CADE, creada el 3 de mayo por el presidente Sebastián Piñera, presionado por las impresionantes movilizaciones ciudadanas. Este grupo de 15 técnicos, en su gran mayoría ex directivos o ex ministros de energía, reciclados en consultores de los consorcios eléctricos dominantes, no ha presentado hasta hoy ni una sola línea de su trabajo.
En fin, “Chile necesita una gran reforma energética” es un documento lleno de propuestas, que ojala los chilenos conozcan y exijan al congreso y al gobierno que se concreten para avanzar a un desarrollo eléctrico justo, limpio, seguro y sustentable.
8 de noviembre de 2011
*Hablar sin decir nada. Decir incoherencias. Viene de Cantinflas, personaje creado por el cómico mexicano Mario Moreno.
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martes, 8 de noviembre de 2011
miércoles, 25 de mayo de 2011
HYDROAYSEN: UN PROYECTO PRIMITIVO
“La ciudadanía está empoderada, pero no bien informada”, afirmó el biministro de Minería y Energía, Laurence Golborne, frente a la mayoritaria oposición al proyecto HidroAysén. Es el mismo ministro que tuiteó atolondradamente, bajándole el perfil a la tragedia de Fukushima y asegurando que la energía nuclear era segura.
Acojo su desafío y si de informar se trata, lo primero que habría que decirle es que se aprobó un proyecto primitivo. Hoy, la comunidad internacional no considera las megacentrales hidroeléctricas como fuentes renovables de energía, por sus excesivos impactos ecológicos, sociales, culturales y económicos, en el corto, mediano y largo plazo.
Tampoco es limpio.
El proyecto HidroAysén generará más de 3.500.000 toneladas de carbono con su represa y otros 9.000.000 millones de toneladas por su línea de transmisión. Esto, por los materiales, combustibles, máquinas y cambios drásticos de uso de suelo que significa su construcción.
La putrefacción posterior de la masa vegetal, en la extensa zona de inundación, generará metano por años, uno de los gases de efecto invernadero más agresivo.
Los embalses retienen nutrientes y sedimentos que sirven a organismos marinos que capturan carbono. HydroAysén, además de contaminar y destruir amplias zonas, matará varios ecosistemas marinos que capturan carbono. El área de influencia puede llegar hasta 300 kilómetros de distancia desde la desembocadura de los ríos hacia el mar.
No es renovable.
HidroAysén tendrá una vida útil de entre 50 y 80 años. Las megarepresas para aprovechar el caudal de los ríos instalan gigantescas paredes de cemento, cortando los cauces naturales y transformando los ríos represas abajo en ríos artificiales.
Con ello destruye su dinámica natural. Rio arriba el agua se estanca y se eutrofica. Cambia su composición química. En la práctica, se pudre, como el agua de una piscina abandonada y las comunidades biológicas inherentes a un ecosistema fluvial mueren. Los nutrientes y sedimentos, que son la base de la vida de las comunidades marinas, quedan atrapados en la presa, no llegan al mar y pierden su función de alimentar a los organismos marinos.
Esta capa de sedimentos y lodo, con el tiempo hacen inoperable las represas. Eliminar todo ese material no es rentable y lo que harán es dejar las estructuras para siempre, ya que desmantelarlas es increíblemente costoso. HidroAysén es un proyecto que genera daños irreversibles.
No es rentable.
HydroAysén se presenta como rentable, pero su evaluación económica no considera los costos ambientales, culturales, ni sociales. Sólo toma en cuenta lo que vale construir el proyecto.
¿Cuántas serán las pérdidas para el turismo?. ¿Qué valor tiene la cultura de una región? ¿Cuánto cuesta sacrificar la Patagonia, un ecosistema único en el planeta? ¿Cuánto vale el paisaje de casi todo el centro sur de Chile, ensombrecido por las líneas de transmisión?. ¿Qué valor tiene cada una de la especies que desaparezcan?.
¿Cuántas perdidas significan para el país la pésima imagen que adquiere Chile estos días en todo el mundo?.
Si estos costos se incluyeran en la evaluación económica, claramente no resulta rentable. HydroAysen internaliza los beneficios y socializa las pérdidas. O sea obtienen sus ganancias, pero los problemas los asumimos todos nosotros, ahora y en el futuro.
El Estudio de Impacto Ambiental y su revisión están viciados.
Con un ardid administrativo, el ex intendente de Aysén, Selim Carrasco, permitió que el estudio fuera revisado sin incorporar ninguna de las miles de observaciones y preguntas de la ciudadanía. Permitió, además, que siguiera en evaluación aunque varios servicios públicos habían manifestado su rechazo al estudio por vacíos de fondo.
Se han adulterado informes de los servicios regionales por parte de los servicios centrales para aprobar el proyecto. CONAF nacional cambió el informe de CONAF Aysén, que rechazaba la iniciativa por su impacto en parques nacionales.
Publicidad engañosa.
El domingo 22 de mayo, recién pasado, HidroAysén compró una página entera en El Mercurio, donde compara la superficie que ocuparían paneles solares fotovoltaicos con la que ocupará el proyecto, para producir la misma energía.
Intencionalmente… o por ignorancia omite las centrales termo solares (CSP), que son hoy las tecnologías modernas que generan electricidad a escala industrial.
Estas centrales ocupan mucho menos espacios que HydroAysén para producir la misma energía, con la diferencia que son renovables, limpias y que en nuestro país, en el desierto de Atacama, existen las mejores condiciones del planeta para desarrollarlas.
En la misma publicidad, al comparar HydroAysén con la superficie que ocupa la producción de energía eólica, vuelve a engañar.No señala que hoy ya existen aerogeneradores de última generación, con una potencia nominal de 6 MW cada uno , que no afectan ni el paisaje ni ocupan gran superficie, ya que se instalan en “granjas” eólicas mar afuera. (offshore).
Quizás Golborne debería dejar de pensar en el pasado, en HydroAysén y en la energía nuclear y mirar hacia Aldeire, en la provincia de Granada, España donde se acaba de inaugurar el complejo termo solar, más grande de Europa y el segundo más grande del mundo. O darse una vuelta por Alemania para enterarse de los gigantescos avances en el desarrollo de la energía eólica.
Un lobby descarado contra las Energías Renovables No Convencionales.
De capitán a paje, o sea de Piñera a Golborne, con el coro de los medios nacionales, repiten que la solución para Chile no son las energías renovables no convencionales. Está claro, que ni en Chile ni en el mundo, las energías renovables pueden satisfacer de un santiamén el consumo actual. Plantear lo contrario es demagogia. Pero, también está claro que funcionan a mucho más corto plazo, con los incentivos que el Estado debe otorgarle. En Alemania, en 10 años estas energías suplirán toda la que hoy produce la energía atómica de ese país. Mucho menos tiempo que lo que demoraría la construcción de HydroAysén.
Actualmente en Chile la capacidad total instalada de energía nominal alcanza los 14.940 MW.
Alemania tiene más de 22.000 MW sólo en capacidad eólica instalada. Es decir, toda la electricidad chilena, más un tercio proviene en ese país del viento.
La libertad energética de Chile está en ese camino. Emprenderlo requiere, sin embargo, vencer las inmensas resistencias y presiones del lobby económico que hoy, en concomitancia con el gobierno, controla el negocio de la energía.
Y de paso, dejaremos de ser vistos como los trogloditas del mundo en materia de energía.
25 de mayo de 2011
Acojo su desafío y si de informar se trata, lo primero que habría que decirle es que se aprobó un proyecto primitivo. Hoy, la comunidad internacional no considera las megacentrales hidroeléctricas como fuentes renovables de energía, por sus excesivos impactos ecológicos, sociales, culturales y económicos, en el corto, mediano y largo plazo.
Tampoco es limpio.
El proyecto HidroAysén generará más de 3.500.000 toneladas de carbono con su represa y otros 9.000.000 millones de toneladas por su línea de transmisión. Esto, por los materiales, combustibles, máquinas y cambios drásticos de uso de suelo que significa su construcción.
La putrefacción posterior de la masa vegetal, en la extensa zona de inundación, generará metano por años, uno de los gases de efecto invernadero más agresivo.
Los embalses retienen nutrientes y sedimentos que sirven a organismos marinos que capturan carbono. HydroAysén, además de contaminar y destruir amplias zonas, matará varios ecosistemas marinos que capturan carbono. El área de influencia puede llegar hasta 300 kilómetros de distancia desde la desembocadura de los ríos hacia el mar.
No es renovable.
HidroAysén tendrá una vida útil de entre 50 y 80 años. Las megarepresas para aprovechar el caudal de los ríos instalan gigantescas paredes de cemento, cortando los cauces naturales y transformando los ríos represas abajo en ríos artificiales.
Con ello destruye su dinámica natural. Rio arriba el agua se estanca y se eutrofica. Cambia su composición química. En la práctica, se pudre, como el agua de una piscina abandonada y las comunidades biológicas inherentes a un ecosistema fluvial mueren. Los nutrientes y sedimentos, que son la base de la vida de las comunidades marinas, quedan atrapados en la presa, no llegan al mar y pierden su función de alimentar a los organismos marinos.
Esta capa de sedimentos y lodo, con el tiempo hacen inoperable las represas. Eliminar todo ese material no es rentable y lo que harán es dejar las estructuras para siempre, ya que desmantelarlas es increíblemente costoso. HidroAysén es un proyecto que genera daños irreversibles.
No es rentable.
HydroAysén se presenta como rentable, pero su evaluación económica no considera los costos ambientales, culturales, ni sociales. Sólo toma en cuenta lo que vale construir el proyecto.
¿Cuántas serán las pérdidas para el turismo?. ¿Qué valor tiene la cultura de una región? ¿Cuánto cuesta sacrificar la Patagonia, un ecosistema único en el planeta? ¿Cuánto vale el paisaje de casi todo el centro sur de Chile, ensombrecido por las líneas de transmisión?. ¿Qué valor tiene cada una de la especies que desaparezcan?.
¿Cuántas perdidas significan para el país la pésima imagen que adquiere Chile estos días en todo el mundo?.
Si estos costos se incluyeran en la evaluación económica, claramente no resulta rentable. HydroAysen internaliza los beneficios y socializa las pérdidas. O sea obtienen sus ganancias, pero los problemas los asumimos todos nosotros, ahora y en el futuro.
El Estudio de Impacto Ambiental y su revisión están viciados.
Con un ardid administrativo, el ex intendente de Aysén, Selim Carrasco, permitió que el estudio fuera revisado sin incorporar ninguna de las miles de observaciones y preguntas de la ciudadanía. Permitió, además, que siguiera en evaluación aunque varios servicios públicos habían manifestado su rechazo al estudio por vacíos de fondo.
Se han adulterado informes de los servicios regionales por parte de los servicios centrales para aprobar el proyecto. CONAF nacional cambió el informe de CONAF Aysén, que rechazaba la iniciativa por su impacto en parques nacionales.
Publicidad engañosa.
El domingo 22 de mayo, recién pasado, HidroAysén compró una página entera en El Mercurio, donde compara la superficie que ocuparían paneles solares fotovoltaicos con la que ocupará el proyecto, para producir la misma energía.
Intencionalmente… o por ignorancia omite las centrales termo solares (CSP), que son hoy las tecnologías modernas que generan electricidad a escala industrial.
Estas centrales ocupan mucho menos espacios que HydroAysén para producir la misma energía, con la diferencia que son renovables, limpias y que en nuestro país, en el desierto de Atacama, existen las mejores condiciones del planeta para desarrollarlas.
En la misma publicidad, al comparar HydroAysén con la superficie que ocupa la producción de energía eólica, vuelve a engañar.No señala que hoy ya existen aerogeneradores de última generación, con una potencia nominal de 6 MW cada uno , que no afectan ni el paisaje ni ocupan gran superficie, ya que se instalan en “granjas” eólicas mar afuera. (offshore).
Quizás Golborne debería dejar de pensar en el pasado, en HydroAysén y en la energía nuclear y mirar hacia Aldeire, en la provincia de Granada, España donde se acaba de inaugurar el complejo termo solar, más grande de Europa y el segundo más grande del mundo. O darse una vuelta por Alemania para enterarse de los gigantescos avances en el desarrollo de la energía eólica.
Un lobby descarado contra las Energías Renovables No Convencionales.
De capitán a paje, o sea de Piñera a Golborne, con el coro de los medios nacionales, repiten que la solución para Chile no son las energías renovables no convencionales. Está claro, que ni en Chile ni en el mundo, las energías renovables pueden satisfacer de un santiamén el consumo actual. Plantear lo contrario es demagogia. Pero, también está claro que funcionan a mucho más corto plazo, con los incentivos que el Estado debe otorgarle. En Alemania, en 10 años estas energías suplirán toda la que hoy produce la energía atómica de ese país. Mucho menos tiempo que lo que demoraría la construcción de HydroAysén.
Actualmente en Chile la capacidad total instalada de energía nominal alcanza los 14.940 MW.
Alemania tiene más de 22.000 MW sólo en capacidad eólica instalada. Es decir, toda la electricidad chilena, más un tercio proviene en ese país del viento.
La libertad energética de Chile está en ese camino. Emprenderlo requiere, sin embargo, vencer las inmensas resistencias y presiones del lobby económico que hoy, en concomitancia con el gobierno, controla el negocio de la energía.
Y de paso, dejaremos de ser vistos como los trogloditas del mundo en materia de energía.
25 de mayo de 2011
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martes, 8 de febrero de 2011
¿ENERGIA NUCLEAR EN EL PAIS DE LAS REPLICAS?
(Aerogeneradores en la comuna de Canela. Foto de Gabriel Sanhueza).
Proliferan en estos días entrevistas, artículos y opiniones que abogan con ligereza por la energía nuclear para Chile, sin que haya ninguna mención sobre las enormes posibilidades que nos ofrecen las energías renovables no convencionales y la eficiencia energética.
Sorprenden las aseveraciones, de que el país debe emprender sin duda ni pausa el camino nuclear. No hacerlo –argumentan- sería una tremenda irresponsabilidad.
Sorprende también que aquí se junten políticos de todos los pelajes. Sorprende aún más la ligereza con que se le cataloga de energía “segura y limpia”.
Desde Chernóbil, cuyas dramáticas consecuencias para los humanos y el medio ambiente aún se viven, muy pocos países modernos y democráticos del mundo consideran la energía nuclear como una alternativa segura de provisión de energía. Menos como una energía limpia, ya que produce residuos atómicos de extrema peligrosidad y para los que aún no se tiene ninguna respuesta segura.
El 2007, en Niigata, Japón, después de un fuerte terremoto la central nuclear más grande del mundo, perteneciente a la Tokyo Electric Power (TEPCO) cesó por completo sus actividades.
Sólo dos años después pudo reiniciar sus operaciones en uno de sus 7 reactores. Hasta hoy los otros seis continúan paralizados.
En Niigata, se constató que más de 1000 litros de agua radioactiva fueron vertidos al mar, no un litro y medio, como se dijo al principio. TEPCO, después de dudas, mentiras y vacilaciones, admitió finalmente que el terremoto provocó un desastre: un centenar de barriles de escoria de baja radiactividad resultaron afectados por el terremoto. Admitió también que “sólo” la mitad de los 22.000 barriles almacenados cerca de la central nuclear estuvieron bajo control los días siguientes al accidente. También aceptó que se habían producido emisiones a la atmósfera de "pequeñas cantidades" de sustancias radioactivas como cobalto 60, yodo y cromo 51.
TEPCO reconoció que los reactores fueron diseñados para resistir terremotos, pero sólo, hasta determinada intensidad, inferior a la magnitud del registrado aquel lunes de julio de 2007. El terremoto que afectó las instalaciones fue magnitud 6.8 en la escala de Richter. El terremoto de hace un año en Chile, fue 8.8 en la misma escala. O sea cien veces mayor.
Así se desplomó el último y reiterado mito sobre la seguridad de la industria nuclear: la confiada creencia cientificista, de que es posible construir plantas capaces de resistir todo tipo de terremotos.
En Chile, llama la atención que el principal argumento para defender este tipo de proyectos sea considerarlos la solución inmediata de problemas energéticos “coyunturales”, como la actual estrechez energética que amenaza terminar en racionamiento. Por donde se lo mire, es imposible que siquiera atenúen dicho problema y menos que lo solucionen en el corto, mediano ni largo plazo.
Finlandia, el único país democrático, que construye desde el 2002 una nueva central nuclear, Olkiluoto 3, reconoció hace poco que tiene un atraso de más de tres años. Debía comenzar a generar electricidad en mayo de 2009, pero hace poco el gerente del proyecto, Jouni Silvennoinen, anunció en Helsinki que la inauguración de la planta "podría retrasarse hasta más allá de junio de 2012, que es el plazo actual confirmado por el fabricante de los equipos".
Y lo que es peor, inicialmente, se estimaba que costaría 4.100 millones de dólares, pero ahora ese cálculo aumentó a 7.200 millones, y no está claro cuánto va a costar en definitiva.
En Latinoamérica es lo mismo: los 3 países que han optado por la energía nuclear (Argentina, Brasil y México) han demorado en promedio más de dos décadas para el desarrollo de cada una de sus plantas de energía nuclear, considerando la fecha originalmente programada para entrar en operación versus la realidad. Esto sin considerar los costos de las mismas, que exceden a veces en miles de millones de dólares lo presupuestado.
En Brasil el proyecto Angra I tenía que funcionar el año 1972, sólo lo hizo comercialmente el año 1985. Trece años después de lo planificado.
El segundo proyecto, Angra II, planificado para comenzar en 1983, recién comenzó a operar en el año 2000. Un atraso de 17 años.
El tercer proyecto Angra III iba a entrar en operaciones el año 1984 y aún no lo hace. Ahora aseguran que partirá el 2015, treinta y un años después de lo presupuestado. La ineficiencia de la tecnología alemana, la corrupción y la incompetencia administrativa, hundieron el proyecto y lo convirtieron en uno de los mayores fiascos del Brasil, con un derroche de 12.000 millones de dólares en sus tres décadas de construcción.
En México las dos plantas, Laguna Verde I y Laguna Verde II se han demorado en entrar en operación 18 y 23 años respectivamente.
Por último, Argentina, que posee dos centrales en funcionamiento, Atucha I y Central Embalse tiene problemas con Atucha II, que ha demorado la friolera de 30 años. Estaba programada para entrar en funcionamiento en el año 1982 y en teoría entrará a operar, dicen, a fines del presente año, con un costo extra de cerca de 4.000 millones de dólares más de lo presupuestado.
Si realmente una industria nuclear en Chile demorara menos de 10 años en desarrollarse, tendríamos el record mundial. Pero de nada serviría para superar la coyuntura, que pretende justificar su aprobación.
Es legítima entonces la pregunta: ¿A quién le sirve desarrollar un plan nuclear en Chile?.
Primero a una industria nuclear mundial, que necesita vender su tecnología para financiar el sobreprecio con que hoy opera. El precio del uranio ha aumentado por lo menos 13 veces su valor desde el 2002, los que las hace operar con inmensos costos. Existen 3 países con reservas industriales de uranio (Australia, Canadá y Kazajstán) mineral que en 20 años va a escasear y cuya explotación sólo ha significado dolor y exterminio a los pueblos originarios.
Le sirve también a mega intereses geopolíticos y a la industria militar de muchos países, puesto que con el mismo uranio para la generación de electricidad se puede improvisar en inventos militares múltiples aquí en el sur del mundo.
Le interesa, por último, a diferentes actores de la vida nacional, ya que son proyectos que comienzan con un presupuesto fijo, que suele transformarse en presupuesto ilimitado, con criterios basados en principios como la seguridad nacional, el silencio, el resguardo. Criterios que no pocas veces esconden formas de corrupción que en nuestra sociedad comienzan a aparecer con más frecuencia.
En Chile que dispone de opciones de generación energética menos costosas y que se caracterizan por ser verdaderamente seguras, autónomas y propias, limpias, de futuro y sobre todo sustentables, hablar de energía nuclear, es por decir lo menos, inadecuado obsoleto y peligroso.
Chile es privilegiado por sus posibilidades energéticas, como la biomasa, la eólica, la geotérmica, la solar, las oceánicas y las micro centrales hidráulicas. Si a eso se agrega la eficiencia energética, se tiene un potencial que cubre todas las expectativas de desarrollo por años, y no sólo de Chile, sino de muchos otros países.
10 de febrero de 2011
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