viernes, 25 de febrero de 2011

GADAFI: DICTADOR MUERTO CAMINANDO

Desde hace más de un mes vemos con alegría desplegarse las fuerzas de la libertad en los países árabes. Primero fue en Túnez, luego el pueblo egipcio lanzó por la borda al dictador eterno. Ahora es el turno de los libios, que a pesar de una sangrienta represión tratan de poner término al peor de los déspotas de nuestro tiempo. Un asesino que no duda en bombardear a su propio pueblo.
¿Quién hace eso para aferrarse con sus garras al poder?. Ni siquiera nuestro criollo Pinochet, se atrevió a tanto, aunque pensó en bombardear la población La Legua,* si aumentaba allí la resistencia contra el golpe.
Pero no todos están muy contentos con este proceso. Las democracias europeas titubean frente a la insurrección libia. Al igual que Obama y Putin muestran una cautela sorprendente frente a los acontecimientos. Francia, Alemania e Italia hacen desde años pingües negocios con Gadafi. No en vano lo recibían y visitaban con abrazos de amistad eterna. Repugna ver en estos días en los canales internacionales a Berlusconi besarlo con efusión y pasear con él en limusina; o a Schroeder sentado en su carpa circense riendo a destajo del dudoso humor del dictador.
Les preocupa mucho más mantener el acceso al petróleo de Libia que los deseos de libertad del pueblo. Les aterra un éxodo masivo de los trabajadores que en los últimos años se fueron a Libia a desempeñarse en el petróleo, en aquellos puestos, para los cuales Gadafi fue incapaz de calificar a su propia población. Frattino el Ministro del Exterior de Italia pinta cuadros apocalípticos si el dictador suelta sus riendas ensangrentadas en el país.
Diferente que en Túnez y Egipto la rebelión en Libia no tiene lugar bajo los ojos del mundo. La censura de internet, la no presencia de periodistas internacionales hacen difícil formarse una idea de los alcances de la guerra civil en cierne. Lo que, sin embargo, está fuera de duda es que en Libia no hay una revolución de las flores y los manifestantes no colocan claveles en los fusiles de los soldados. Sería ingenuo pensar que Gadafi, después de de 40 años de gobernar con el terror estuviera dispuesto a abandonar su puesto pacíficamente.
El pueblo libio, como muchos otros, está sólo en esta lucha final. Al igual que otros pueblos no olvidará que a menudo la historia de la libertad está regada con sangre, violencia y víctimas.
Pero, independiente de lo que ocurra en los próximos días, Gadafi ya es un dictador muerto caminando. Más temprano que tarde, el pueblo tomará su destino en sus manos, y será más espectacular si lo hace sobre la base de sus propias fuerzas.
Si es así tendrá la autoridad moral para encarar a las democracias occidentales, que por muchos años traicionaron sus ideales de libertad y democracia para hacer negocios con el déspota de Trípolis. También podrán mirar directo en los ojos a los Castros, a Chávez y a Ortega que sin disimulo ni vergüenza se solidarizan hoy con el dictador del terror.
25 de febrero de 2011
*Población de Santiago que opuso resistencia al golpe del 11 de septiembre de 1973

martes, 8 de febrero de 2011

¿ENERGIA NUCLEAR EN EL PAIS DE LAS REPLICAS?


(Aerogeneradores en la comuna de Canela. Foto de Gabriel Sanhueza).
Proliferan en estos días entrevistas, artículos y opiniones que abogan con ligereza por la energía nuclear para Chile, sin que haya ninguna mención sobre las enormes posibilidades que nos ofrecen las energías renovables no convencionales y la eficiencia energética.
Sorprenden las aseveraciones, de que el país debe emprender sin duda ni pausa el camino nuclear. No hacerlo –argumentan- sería una tremenda irresponsabilidad.
Sorprende también que aquí se junten políticos de todos los pelajes. Sorprende aún más la ligereza con que se le cataloga de energía “segura y limpia”.
Desde Chernóbil, cuyas dramáticas consecuencias para los humanos y el medio ambiente aún se viven, muy pocos países modernos y democráticos del mundo consideran la energía nuclear como una alternativa segura de provisión de energía. Menos como una energía limpia, ya que produce residuos atómicos de extrema peligrosidad y para los que aún no se tiene ninguna respuesta segura.
El 2007, en Niigata, Japón, después de un fuerte terremoto la central nuclear más grande del mundo, perteneciente a la Tokyo Electric Power (TEPCO) cesó por completo sus actividades.
Sólo dos años después pudo reiniciar sus operaciones en uno de sus 7 reactores. Hasta hoy los otros seis continúan paralizados.
En Niigata, se constató que más de 1000 litros de agua radioactiva fueron vertidos al mar, no un litro y medio, como se dijo al principio. TEPCO, después de dudas, mentiras y vacilaciones, admitió finalmente que el terremoto provocó un desastre: un centenar de barriles de escoria de baja radiactividad resultaron afectados por el terremoto. Admitió también que “sólo” la mitad de los 22.000 barriles almacenados cerca de la central nuclear estuvieron bajo control los días siguientes al accidente. También aceptó que se habían producido emisiones a la atmósfera de "pequeñas cantidades" de sustancias radioactivas como cobalto 60, yodo y cromo 51.
TEPCO reconoció que los reactores fueron diseñados para resistir terremotos, pero sólo, hasta determinada intensidad, inferior a la magnitud del registrado aquel lunes de julio de 2007. El terremoto que afectó las instalaciones fue magnitud 6.8 en la escala de Richter. El terremoto de hace un año en Chile, fue 8.8 en la misma escala. O sea cien veces mayor.
Así se desplomó el último y reiterado mito sobre la seguridad de la industria nuclear: la confiada creencia cientificista, de que es posible construir plantas capaces de resistir todo tipo de terremotos.
En Chile, llama la atención que el principal argumento para defender este tipo de proyectos sea considerarlos la solución inmediata de problemas energéticos “coyunturales”, como la actual estrechez energética que amenaza terminar en racionamiento. Por donde se lo mire, es imposible que siquiera atenúen dicho problema y menos que lo solucionen en el corto, mediano ni largo plazo.
Finlandia, el único país democrático, que construye desde el 2002 una nueva central nuclear, Olkiluoto 3, reconoció hace poco que tiene un atraso de más de tres años. Debía comenzar a generar electricidad en mayo de 2009, pero hace poco el gerente del proyecto, Jouni Silvennoinen, anunció en Helsinki que la inauguración de la planta "podría retrasarse hasta más allá de junio de 2012, que es el plazo actual confirmado por el fabricante de los equipos".
Y lo que es peor, inicialmente, se estimaba que costaría 4.100 millones de dólares, pero ahora ese cálculo aumentó a 7.200 millones, y no está claro cuánto va a costar en definitiva.
En Latinoamérica es lo mismo: los 3 países que han optado por la energía nuclear (Argentina, Brasil y México) han demorado en promedio más de dos décadas para el desarrollo de cada una de sus plantas de energía nuclear, considerando la fecha originalmente programada para entrar en operación versus la realidad. Esto sin considerar los costos de las mismas, que exceden a veces en miles de millones de dólares lo presupuestado.
En Brasil el proyecto Angra I tenía que funcionar el año 1972, sólo lo hizo comercialmente el año 1985. Trece años después de lo planificado.
El segundo proyecto, Angra II, planificado para comenzar en 1983, recién comenzó a operar en el año 2000. Un atraso de 17 años.
El tercer proyecto Angra III iba a entrar en operaciones el año 1984 y aún no lo hace. Ahora aseguran que partirá el 2015, treinta y un años después de lo presupuestado. La ineficiencia de la tecnología alemana, la corrupción y la incompetencia administrativa, hundieron el proyecto y lo convirtieron en uno de los mayores fiascos del Brasil, con un derroche de 12.000 millones de dólares en sus tres décadas de construcción.
En México las dos plantas, Laguna Verde I y Laguna Verde II se han demorado en entrar en operación 18 y 23 años respectivamente.
Por último, Argentina, que posee dos centrales en funcionamiento, Atucha I y Central Embalse tiene problemas con Atucha II, que ha demorado la friolera de 30 años. Estaba programada para entrar en funcionamiento en el año 1982 y en teoría entrará a operar, dicen, a fines del presente año, con un costo extra de cerca de 4.000 millones de dólares más de lo presupuestado.
Si realmente una industria nuclear en Chile demorara menos de 10 años en desarrollarse, tendríamos el record mundial. Pero de nada serviría para superar la coyuntura, que pretende justificar su aprobación.
Es legítima entonces la pregunta: ¿A quién le sirve desarrollar un plan nuclear en Chile?.
Primero a una industria nuclear mundial, que necesita vender su tecnología para financiar el sobreprecio con que hoy opera. El precio del uranio ha aumentado por lo menos 13 veces su valor desde el 2002, los que las hace operar con inmensos costos. Existen 3 países con reservas industriales de uranio (Australia, Canadá y Kazajstán) mineral que en 20 años va a escasear y cuya explotación sólo ha significado dolor y exterminio a los pueblos originarios.
Le sirve también a mega intereses geopolíticos y a la industria militar de muchos países, puesto que con el mismo uranio para la generación de electricidad se puede improvisar en inventos militares múltiples aquí en el sur del mundo.
Le interesa, por último, a diferentes actores de la vida nacional, ya que son proyectos que comienzan con un presupuesto fijo, que suele transformarse en presupuesto ilimitado, con criterios basados en principios como la seguridad nacional, el silencio, el resguardo. Criterios que no pocas veces esconden formas de corrupción que en nuestra sociedad comienzan a aparecer con más frecuencia.
En Chile que dispone de opciones de generación energética menos costosas y que se caracterizan por ser verdaderamente seguras, autónomas y propias, limpias, de futuro y sobre todo sustentables, hablar de energía nuclear, es por decir lo menos, inadecuado obsoleto y peligroso.
Chile es privilegiado por sus posibilidades energéticas, como la biomasa, la eólica, la geotérmica, la solar, las oceánicas y las micro centrales hidráulicas. Si a eso se agrega la eficiencia energética, se tiene un potencial que cubre todas las expectativas de desarrollo por años, y no sólo de Chile, sino de muchos otros países.

10 de febrero de 2011

viernes, 4 de febrero de 2011

EL MOMENTO DE LOS SUEÑOS

El triunfo de Piñera cambió profundamente la situación política del país.* La derecha no sólo supo captar con éxito amplios sectores para su proyecto conservador mefistofélico, sino que a un año aparece consolidada con una estrategia transformista, basada en algunas acciones concretas y en muchos anuncios no cumplidos, que confunden a la opinión pública.
Es un éxito pragmático, que nos obliga a repensar la política con categorías distintas a las que durante veinte años predominaron, durante la interminable y lánguida transición democrática.
Si no lo hacemos, vamos a seguir cosechando nuevas derrotas en el futuro próximo.
La Concertación agoniza, y aunque sus dirigentes le insuflen oxigeno es difícil que abandone la UTI. Es una muerte lenta que no da mucha pena, salvo a sus propios sepultureros.
Las causas del deceso es no haber entendido, las aspiraciones de la mayoría de los chilenos y no tener hoy ninguna propuesta nueva. Chile es hoy diferente y no pueden seguir en la cancha los mismos jugadores, sino que se requiere cambiar todo el equipo.
La pregunta es siempre la misma, la de Lenin: ¿Qué hacer? ¿Qué hacer para ocupar el espacio político y aglutinar a los miles de jóvenes que no conocieron la dictadura, que hoy tienen una educación que sus padres jamás alcanzaron, que tienen aspiraciones diferentes, que son liberales en lo valórico, que no adhieren a partidos y más bien los detestan?.
Jóvenes que tienen ideas claras y que no arrastran los miedos de los viejos políticos. Y sobre todo, jóvenes que tienen una alta preocupación por el medio ambiente.
Es un segmento social y electoral que entrega una amplia base para constituir una nueva fuerza social y política. Cuando se produzca la reforma al padrón electoral y salga la inscripción automática será una fuerza fundamental en el escenario político del país. Lo será más, si salen las reformas al sistema binominal.
¿Cuál es el eje central que puede agruparlos?. ¿Qué “Uhu” es capaz de aglutinar a estos jóvenes y convertirlo en una nueva fuerza política?. El común denominador que primero salta a la vista es un medio ambientalismo de amplio espectro, intergeneracional, capaz de reunir a todos los que se sientan identificados por esas ideas.
El medio ambientalismo, con Max Neef alcanzó un 5% en una presidencial y Marco llegó prácticamente al 20% en una primera vuelta.
La protección ambiental es la preocupación central de los jóvenes. No es un tema más, como lo han planteado hasta ahora todos los partidos políticos, y todos los candidatos a presidentes y todos los presidentes que hemos tenido. Para ellos es el tema.
Transformar esta preocupación en una plataforma clara es la tarea. Una plataforma que conlleve, entre otros elementos, una reforma tributaria verde, una preocupación por la equidad social, el impulso decidido a las energías renovables no convencionales, un no rotundo a la energía atómica y a las grandes centrales hidroeléctricas, el respeto y reconocimiento de los pueblos originarios.
Es decir, un modelo viable de desarrollo sustentable para el país, basado en las capacidades económicas que han surgido en los últimos años.
La única estrategia que puede servir para aglutinar estas fuerzas es desde abajo. Nadie más quiere escuchar las negociaciones de las elites. Aquí no importa lo que dice los profesionales de la política.
Una agrupación libre y diversa, donde nadie quiera homogeneizar opiniones e intereses que necesariamente deben ser diversos. Es decir la antítesis a la acción tradicional de la Concertación.
Para el éxito de este proyecto se necesita un grupo humano que sepa gestionar la diversidad, moderar y gerenciar los distintos intereses temáticos y efectuar alianzas en el marco de una federación de las fuerzas progresistas.
Si no hay capacidad de administrar esta fuerza creciente, que surge desde la sociedad, lo más probable es que la capitalice “la nueva derecha” y ya hay signos preocupantes de esos intentos.
Este es el nuevo espacio social y electoral que está en disputa en Chile.
Sólo se ganará, si entendemos que es el momento de los sueños, de la diversidad y de las nuevas propuestas.
La derrota es más profunda de lo que suponemos, porque se perdió con las reglas de la democracia, la supremacía moral que tenemos frente a los que hemos señalado por décadas como herederos de las violaciones a los derechos humanos.
Paradojalmente, también nos liberamos de gran parte de los fantasmas del pasado y ya no seguimos rehenes de las condicionantes de la vieja Concertación incapaz de reencantar a los electores.
Una nueva fuerza, acorde con el Chile actual, permitirá recuperar la supremacía ética ante los depredadores del medio ambiente, dinamizar las alianzas, volver a plantear un programa de desarrollo sustentable y alcanzar el poder en un plazo prudente. Esta fuerza emergente navega a favor del viento, con una temática que tiende crecientemente y con razón, a ocupar las preocupaciones de la gente.
4 de febrero de 2011
*Reflexiones producto de largas conversaciones políticas entre amigos.