domingo, 30 de mayo de 2010

¿POR QUE NO PODEMOS SER COMO EL LÍDER?

Confieso que me dio envidia… y nada de sana, saber que la empresa D&S, dueña del supermercado Líder tiene nada menos que la friolera de 133 RUT* distintos.

Separar una empresa en muchas es para escamotearles a los trabajadores sus derechos a gratificaciones. Curiosamente las utilidades nunca están en la empresa que los contrata.

Otra razón non sancta es tener unidades con RUT distintos, para atomizar a los trabajadores en decenas de sindicatos de escasa representatividad.

Y la tercera, que encuentro más perversa aún, es para no cumplir con la ley, que obliga a la empresa a disponer de una sala cuna cuando se cuenta con más de 20 empleadas.

A mi, la verdad, me gustaría tener el derecho de poseer, por lo menos un segundo RUT. Mis razones son muchas mas sanas que las de los dueños de estas empresas. Por esas cosas de mala suerte, me tocó uno endemoniado, difícil de memorizar y que hasta el día de hoy me hace pasar vergüenza.

Me asusto ante esa pregunta tan chilena y cotidiana:

¿A ver, déme su RUT?.

Cuando estoy distraído, cuestión que suele ser frecuente, digo el número de mi teléfono fijo, que tiene exactamente la misma cantidad de dígitos.

“No corresponde señor”, me dicen, las cajeras o los funcionarios públicos, con esa mirada de sospecha o de conmiseración, insinuando que eres un estafador potencial o un decrépito incapaz de memorizar su número de identidad.

Sería feliz con uno fácil, por ejemplo. Siete millones setecientos setenta mil setecientos setenta y siete guión siete.

Ojala consideren mi idea cuando discutan el tema en el parlamento.

30 de mayo de 2010

*Rol Único Tributario, número intransferible y no modificable, con el que nacen y mueren los chilenos.

miércoles, 26 de mayo de 2010

LA CREATIVIDAD NO ENVEJECE

No me gustan como tratan en Chile a los viejos. El 21 de mayo pasado escuché al honorable senador de la república, Ricardo Lagos Weber, hablar de “los abuelitos” al comentar la eliminación del 7% por ciento de salud, que pagan los jubilados.
Obviamente un paternalismo barato, un diminutivo que esconde una infantilización de los adultos mayores. De allí a tratarlos de minusválidos no hay más que un paso.

No me gusta que junten a los viejos con puros viejos y luego traten de entretenerlos con bailes ridículos, humoristas dudosos o viajes turísticos sólo para ellos.
El envejecimiento es paulatino. Puede que un viejo se ponga más lento y le cueste subir al Transantiago, o que le duelan los huesos cuando comienza el invierno. Pero eso no lo convierte ni en un ocioso ni en un tonto, que deba estar haciendo pantomimas a las órdenes de un monitor imbécil.

No creo en los conceptos de la tercera edad ni de la adolescencia. Pienso que son construcciones sociales y de corta data. Basta mirar un par de siglos atrás. Cuando los jóvenes, entraban en la pubertad, se casaban, tenían hijos, comenzaban a trabajar y formaban una nueva familia.

La edad del pavo, me huele a cuento de la sociedad de consumo, con su cargamento de psicólogos, cremas contra las espinillas, modas de pantalones que dejan ver los calzoncillos y música desechable para chicos gritones.

Lo de la tercera edad también suena a engaño. Una historia para entretener a jubilados ociosos y cada vez más regalones. O quizás el invento de una sociedad hedonista, consumista y apegada a la juventud como referente vital.

En el campo, los viejos a los ochenta y tantos años, andan arriba de su caballo, y trabajan hasta el día antes de su muerte.
Todos los seres humanos, salvo que estén impedidos, pueden seguir aportando a su comunidad, haciendo labores sociales, donde su experiencia es fundamental.

La creatividad nunca termina, si se aceptan las limitaciones de la edad y se adaptan las potencialidades a nuevos roles.

Me gustan las sociedades que son como los bosques nativos chilenos. Donde conviven árboles añosos, junto a especies adultas y jóvenes renovales.

26 de mayo de 2010

miércoles, 19 de mayo de 2010

LO QUE NATURA NON DA, POWER POINT NON PRESTA

La profesión que más he ejercido en mi vida es la de profesor. Es en ella donde he tenido los saltos tecnológicos más espectaculares. Y en cada uno, hubo siempre un tiempo de angustia.

Soy de la era del pizarrón negro y la tiza blanca. Esa que te dejaba, no sólo los dedos blancos, sino el pantalón y la chaqueta. Fui diestro en usar la almohadilla, para borrar lo escrito, sin estornudar jamás.

El shock, del que me costó recuperarme, fue cuando aparecieron las pizarras blancas, con sus respectivos plumones. Me cambió mi percepción de la vida. El mundo era al revés. Ahora se escribía en negro sobre un fondo blanco.

Confieso que me eché unas cuantas pizarras acrílicas al usar plumones permanentes. Una efímera inmortalidad de mis palabras escritas, hasta que alguien eliminaba mi sapiencia con alcohol.

Fui profesor con rotafolio. ¿Qué joven sabe hoy lo que es un rotafolio?. Que levante la mano. En simple era un caballete medio endeble sobre el cual se montaban hojas de papel con la exposición escrita. Se sujetaban con un palo con dos pernos mariposa y si era más humilde, con simples tachuelas.

Lo más importante era llevárselo al término de la clase, para no tener la lata de volverlo a escribir. Mientras me despedía de mis estudiantes, siempre tenía un ojo puesto en mi presentación rotafólica, sobre todo después, que un flojo avispado se la robó, porque no había tomado apuntes.

El salto siguiente fueron las transparencias. Mi angustia terminó cuando aprendí a intercalarles hojas blancas para no equivocarme al ponerlas en el retroproyector.

Ahora estamos en la era del power point. Sigo angustiado por no saber sacarle todo el provecho que dicen que tiene.

Tengo además, un sentimiento ambivalente con esta tecnología. Si bien es atractiva y ayuda a exponer de una manera más didáctica, siento que es un elemento con rasgos coercitivos.

Hay muchas presentaciones destinadas más a convencer que a exponer. Otra desventaja es que se tiende a hacer aseveraciones simplistas, donde ideas complejas van en lista y puntos muy breves.

Eso es sobre el fondo.

En la forma, puede ser atroz. Un profesor amigo, es horrible con sus power point. Escoge unos contrastes entre el fondo y el color del texto, que te hacen chirrear los ojos. El tamaño de las letras es minúsculo, de manera que siempre pienso que fue un error no llevar mis binoculares.
Él, impertérrito pregunta: ¿Se alcanza a ver?, a lo cual todo el mundo responde que no. Lo que le da pábulo para que comience a leernos todo lo escrito.

Hasta el presidente Piñera nos sorprende este 21 de mayo con el uso de esta tecnología. Lo único que le puedo decir, es lo mismo que digo a mis estudiantes: “Lo que natura non da, power point non presta.”

Hace unos días mi mujer me contó que ha sido agraciada en la escuela con la primera pizarra interactiva. Al parecer otro salto tecnológico se avecina. Mi angustia comienza a perfilarse.

19 de mayo de 2010

viernes, 14 de mayo de 2010

UN RECUERDO DOLOROSO

Hay crímenes que por su magnitud y crueldad sin límites son difíciles de entender. Hasta el grado que tememos no ser creídos al relatarlos. Es la sensación que he tenido, cuando a algunos amigos les hablé de la Masacre del Sumpul.

Hace 30 años, el 14 de mayo de 1980, en el caserío Las Aradas, en la frontera de El Salvador y Honduras se produjo una de esas realidades escalofriantes: más de 600 campesinas y campesinos indefensos fueron asesinados, en pocas horas, por los soldados del ejército, miembros de ORDEN y de la Guardia Nacional.

Este año, de nuevo, los sobrevivientes recordaran el hecho, con un sacrificio enorme. El lugar de la masacre en las orillas del río Sumpul sigue siendo de difícil acceso. Sólo se llega caminando por veredas, cuestas y bajadas muy empinadas. Caseríos que fueron destruidos en aquel tiempo en esa zona limítrofe, están abandonados. Nadie ha vuelto a vivir en tan macabro lugar, que sin embargo, es un paisaje de extraordinaria belleza.

Es una caminata que agota las fuerzas. Hay que subir durante horas cuesta arriba, bajo el sol del mediodía. La hice, hace 30 años, pocos días después de la masacre. Fui guiado por un niño de doce o trece años, gran parte de noche, dando sinuosos rodeos para evitar a los militares, que impidiendo el acceso a la zona querían ocultar el horrendo crimen.

Cada año, mientras caminan, los sobrevivientes cuenta lo que vivieron. Miran las quebradas, donde ese 14 de mayo se escondieron. Los lugares por donde corrían mientras los soldados les pisaban los talones. Los recuerdos de ese horror siguen presentes en sus cabezas y en sus corazones.

Con mis pensamientos hoy les acompaño. A todos esos viejos y viejas que lograron salvarse de la muerte. A esos hombres, que hace treinta años eran niños, y no entendían lo que ocurrían. No entendían que su padre o su madre, los obligaran a correr y correr, sin cesar a lo largo del río, con los soldados persiguiéndolos. Tratando de cruzarlo y entrar a Honduras, donde también otros soldados los estaban esperando para devolverlos a la muerte.

Muchas noches, por muchos años desperté sobresaltado recordando a los muertos del Sumpul.

Estas líneas son un homenaje a ellos, a muertos y sobrevivientes. A esa campesina, que sólo salvó a su hijo menor y me dijo:

“Yo estuve mucho rato en el chorro del río, junto a mi niño. Me pedía que lo sacara, pero sabía que si salía lo iban a matar. Como a las 10 me balearon en la mano y en la pierna y caí herida en la orilla del río. Entre dos peñas quede botada. Y cuando los soldados pasaban cerca, yo me hacía la muerta, rogando para que mi cipote* no fuera a llorar y me lo mataran también…”
Un homenaje a quienes hoy caminan por esos parajes de muerte. Sin querer olvidar y esperando siempre que se les haga justicia.

14 de mayo de 2010


*Niñito en El Salvador.

martes, 11 de mayo de 2010

FIDEL CASTRO SE LLEVÓ MI BOLIGRAFO

No es mentira ni ansias de protagonismo, pero Fidel me debe un lápiz pasta, como le decimos en Chile a los bolígrafos.

Fue el año 1971, en noviembre. Para ser más exacto, durante su visita a Huachipato, la siderúrgica chilena de elaboración de acero, más importante de Latinoamérica en esos tiempos.

“Dame tu bolígrafo, chico”, me dijo y sin esperar a que yo asintiera se lo tomó. Yo, un imberbe periodista, no me atreví a reclamar. Nunca me lo devolvió.

La verdad es que Castro, ese día, quedó con la boca abierta, cuando le contaron que la producción de acero superaba las 600.000 toneladas anuales. Necesitaba anotar todo lo que le decían los ingenieros a su alrededor.

Era un buen bolígrafo y ojala que aún lo conserve. Si así fuera me gustaría que lo utilizara para buenas acciones. Por ejemplo, para firmar la tarjeta blanca* de Yoani Sánchez y de tantos otros miles de cubanos.

Justo mientras escribo estas líneas me entero que hace unos días instalaron en Caracas una estatua de Fidel. Exactamente en la esquina de Padre Sierra. Primero tuvieron que correr un McDonald´s para que hubiera coherencia ideológica.

No he podido verlo aún en Internet y ni siquiera sé si es estatua o sólo un simple busto,

Es de mal gusto, esto de los monumentos a los vivos y espero que en éste, por lo menos, haya un bolígrafo presente. Si es una estatua, que lo tenga en una mano o en un bolsillo de su camisa guerrillera. Si sólo es una cabeza, puede ser en una oreja del octogenario comandante.

11 de mayo de 2010

*Para viajar, los cubanos necesitan una autorización que se conoce como el permiso de salida o la tarjeta blanca.

miércoles, 5 de mayo de 2010

MEA CULPA SUBLIMINAL

Que El Mercurio, escondió, silenció y muchas veces justificó los crímenes de los organismos de seguridad de la dictadura de Pinochet, es cosa sabida.

Pero, que cada día lo reconozca en la página dos, en la sección llamada “El Mercurio hace 30 años”, es algo que descubrí hace sólo unas semanas.

¿Será un “mea culpa” subliminal?.

El primero de mayo de 1980 detuvieron, con motivo del Día del Trabajador, a 57 personas por infringir la Ley de Seguridad del Estado. Treinta y siete de ellas fueron relegadas a aisladas localidades del país.

Treinta años después el diario no lo recuerda. Menciona, sin embargo, un anuncio del gobierno de la época de mejorar las pensiones de los jubilados.

El 8 de marzo de 1980, apresaron con extrema violencia a 130 personas que participaban en la celebración del Día Internacional de la Mujer.

“El Mercurio hace 30 años”, destacó el 9 de marzo pasado que el aeropuerto Pudahuel se hacía estrecho para la gran cantidad de pasajeros.

El 28 de abril de 1980, más de 500 personas fueron detenidas en intensos operativos efectuados por personal de seguridad, en distintas poblaciones de Santiago.

El diario escribió el reciente 29 de abril, en la mencionada sección, que los buscadores de algas en el canal del Beagle, habían crecido, por el interés económico de las mismas.

Para que seguir. “A confesión de parte, relevo de pruebas”.

Les invito a leer “El Mercurio hace 30 años”, sección donde nunca hay una noticia que de cuenta de la brutal dictadura que teníamos y de las violaciones cotidianas a los derechos humanos, que ésta cometía.

Les invito también a elevar el umbral de percepción, cuando leamos el Diario de Agustín.*

5 de mayo de 2010

* Documental chileno que alude al dueño del Mercurio, Agustín Edwards y que da cuenta de cómo el periódico se hizo cómplice en el ocultamiento de las violaciones a los derechos humanos.