jueves, 10 de noviembre de 2011

LA MUERTE Y LA DONCELLA

(El filme de Polanski)
Hace unos días, en el vetusto teatro Antonio Varas, vi “La Muerte y la Doncella”, protagonizada por Antonia Zegers, Erto Pantoja y César Sepúlveda y dirigida por Moira Miller. Es muy recomendable, aunque creo que la intensidad dramática de la obra, no logró ser traspasada en su total dimensión al público.
Esta pieza chilena de Ariel Dorfman es la que más veces ha sido puesta en escena en el mundo y llevada incluso al cine bajo la dirección de Roman Polanski, con la actuación de Sigourney Weaver.
Escrita en 1990 cuenta la historia de una mujer, Paulina Salas, quien secuestra al médico que años atrás participó en las sesiones de tortura que sufrió a manos de los organismos de seguridad bajo la dictadura de Pinochet. Todo transcurre en pocas horas en una casa frente al mar.
El título de la obra se refiere al cuarteto de cuerdas de Franz Schubert, “La Muerte y la Doncella” (“Der Tod und das Mädchen”), melodía que el torturador de Paulina escuchaba y hacía escuchar a los prisioneros durante los crueles interrogatorios.
¿Fantasía de Dorfman que nos presente en el escenario a una víctima de la dictadura, a su marido comprometido con la democracia y a un torturador, que participó directamente en la represión?.
Para nada. En la obra encontramos al país retratado en una casa. En nuestras calles y plazas, en los cafés, conviven los asesinos y torturadores con las víctimas de la violencia política, que la sufrieron directamente. Conviven también los que día a día durante 17 años vivieron escondidos, excluidos, despedidos de sus trabajos, amenazados, silenciados por el terror.
Una amiga me escribe a raíz de mis recuerdos –en un posteo reciente- sobre los campesinos desaparecidos en Paine, que en ese pueblo se pasean como buenos vecinos sus delatores y sus asesinos… y hasta son saludados con respeto.
No se trata de querer tomarse la justicia por las propias manos, como lo pretende Paulina, lo que se asemeja más a una venganza personal. Pero lo concreto es que en nuestro país el ejercicio de la justicia no ha alcanzado a la inmensa mayoría de los responsables de los crímenes, partiendo por el dictador mismo, quién jamás fue juzgado en Chile.
Hasta hoy la derecha dura de nuestro país apela al olvido y al perdón como fundamento de la unidad nacional. La exigencia majadera de borrón y cuenta nueva sólo permite que las víctimas no sean reparadas en su dignidad y los culpables queden sin castigo.
“La Muerte y la Doncella” nos recuerda con crudeza que jamás hay que quitarle importancia a la memoria histórica.
Los argumentos banales, de quienes apoyaron la dictadura, especialmente los civiles que azuzaron a los militares en sus crímenes, argumentos como “no hay que remover las heridas del pasado” o “eso nos llevará a nuevas divisiones y enfrentamientos”; o el más cínico aún, “ellos fueron los culpables del golpe militar”, sólo pretenden acallar la memoria colectiva y silenciar los crímenes cometidos.
Olvidar, no denunciar, es una forma distinta, pero igualmente efectiva, de seguir castigando a tantas Paulinas Salas, que también caminan por nuestras calles y que quizás muchas veces, se topan en el Tavelli*, como dice la obra, con quienes las torturaron.
10 de noviembre de 2011
*Café con más de 40 años de existencia. Punto de reunión de intelectuales y sobre todo de políticos chilenos.

martes, 8 de noviembre de 2011

LA GRAN REFORMA ENERGETICA DE CHILE

(fotografía de gabriel sanhueza suárez)
Una importante contribución a un debate democrático sobre el desarrollo eléctrico de Chile, acaba de hacer un grupo de organizaciones gremiales, académicos, organizaciones ambientalistas y parlamentarios. Destaca la participación de Ximena Rincón, Antonio Horvath e Isabel Allende entre los congresistas; y de Pedro Maldonado y Antonio Márquez entre los académicos. También de las organizaciones ambientales ciudadanas como Chile Sustentable, Greenpeace, el Instituto de Ecología Política y CODEFF, entre muchas otras.
Después de cinco meses de trabajo, este grupo denominado Comisión Ciudadana Técnico Parlamentaria entregó el pasado 7 de noviembre un documento denominado “Chile necesita una gran reforma energética”, que en 136 páginas presenta un número prioritario de reformas estructurales para la seguridad y sustentabilidad del desarrollo eléctrico chileno.
Se plantea una reforma al mercado eléctrico, la diversificación de la matriz energetica para dar seguridad al desarrollo nacional, la inserción de las energías renovables no convencionales (ERNC), así como el fomento de la eficiencia energética, entre otras.
O sea, lo que hay que hacer para terminar con la crisis que afecta al sector, que se expresa en su alto nivel de contaminación, como producto de la generación a partir de carbón y petcoke. Chile es el segundo país en el mundo, después de China, que más ha aumentado en los últimos años sus emisiones per cápita de gases efecto invernadero.
Crisis que también se enuncia en el elevado precio de la energía; en la inseguridad en el abastecimiento por escasez hídrica pero también por estrechez y congestión en los sistemas de transmisión. Aún la ciudadanía espera saber por qué ocurrió el apagón eléctrico generalizado el pasado mes de septiembre. Quizás no hay explicación porque no tienen idea de lo que pasó. Es la impresión que dejan los cantinfleos* que le escuchamos a las altas autoridades, partiendo por el Ministro de Energía, Rodrigo Álvarez.
Y no por último menos importante, crisis que se manifiesta en las permanentes irregularidades en la aprobación y fiscalización de los sistemas de generación y transmisión, así como en la absoluta concentración y falta de transparencia en el mercado eléctrico. No sólo en las irregularidades para la aprobación del proyecto Hydroaysén, sino también en la construcción de la termoeléctrica de Barrancones y en los mega proyectos térmicos de Castilla, los proyectos Campiche, Alto Maipo, Los Robles y Achibueno, pisoteando la voluntad ciudadana, o sea no respetando los derechos ni las aspiraciones de la sociedad chilena.
Contrasta la diversidad de este grupo, que ha hecho un trabajo inédito, que busca cambiar el paradigma eléctrico vigente insustentable y poco democrático, con la turbiedad que muestra la Comisión Asesora para el Desarrollo Eléctrico, CADE, creada el 3 de mayo por el presidente Sebastián Piñera, presionado por las impresionantes movilizaciones ciudadanas. Este grupo de 15 técnicos, en su gran mayoría ex directivos o ex ministros de energía, reciclados en consultores de los consorcios eléctricos dominantes, no ha presentado hasta hoy ni una sola línea de su trabajo.
En fin, “Chile necesita una gran reforma energética” es un documento lleno de propuestas, que ojala los chilenos conozcan y exijan al congreso y al gobierno que se concreten para avanzar a un desarrollo eléctrico justo, limpio, seguro y sustentable.
8 de noviembre de 2011
*Hablar sin decir nada. Decir incoherencias. Viene de Cantinflas, personaje creado por el cómico mexicano Mario Moreno.