martes, 8 de febrero de 2011

¿ENERGIA NUCLEAR EN EL PAIS DE LAS REPLICAS?


(Aerogeneradores en la comuna de Canela. Foto de Gabriel Sanhueza).
Proliferan en estos días entrevistas, artículos y opiniones que abogan con ligereza por la energía nuclear para Chile, sin que haya ninguna mención sobre las enormes posibilidades que nos ofrecen las energías renovables no convencionales y la eficiencia energética.
Sorprenden las aseveraciones, de que el país debe emprender sin duda ni pausa el camino nuclear. No hacerlo –argumentan- sería una tremenda irresponsabilidad.
Sorprende también que aquí se junten políticos de todos los pelajes. Sorprende aún más la ligereza con que se le cataloga de energía “segura y limpia”.
Desde Chernóbil, cuyas dramáticas consecuencias para los humanos y el medio ambiente aún se viven, muy pocos países modernos y democráticos del mundo consideran la energía nuclear como una alternativa segura de provisión de energía. Menos como una energía limpia, ya que produce residuos atómicos de extrema peligrosidad y para los que aún no se tiene ninguna respuesta segura.
El 2007, en Niigata, Japón, después de un fuerte terremoto la central nuclear más grande del mundo, perteneciente a la Tokyo Electric Power (TEPCO) cesó por completo sus actividades.
Sólo dos años después pudo reiniciar sus operaciones en uno de sus 7 reactores. Hasta hoy los otros seis continúan paralizados.
En Niigata, se constató que más de 1000 litros de agua radioactiva fueron vertidos al mar, no un litro y medio, como se dijo al principio. TEPCO, después de dudas, mentiras y vacilaciones, admitió finalmente que el terremoto provocó un desastre: un centenar de barriles de escoria de baja radiactividad resultaron afectados por el terremoto. Admitió también que “sólo” la mitad de los 22.000 barriles almacenados cerca de la central nuclear estuvieron bajo control los días siguientes al accidente. También aceptó que se habían producido emisiones a la atmósfera de "pequeñas cantidades" de sustancias radioactivas como cobalto 60, yodo y cromo 51.
TEPCO reconoció que los reactores fueron diseñados para resistir terremotos, pero sólo, hasta determinada intensidad, inferior a la magnitud del registrado aquel lunes de julio de 2007. El terremoto que afectó las instalaciones fue magnitud 6.8 en la escala de Richter. El terremoto de hace un año en Chile, fue 8.8 en la misma escala. O sea cien veces mayor.
Así se desplomó el último y reiterado mito sobre la seguridad de la industria nuclear: la confiada creencia cientificista, de que es posible construir plantas capaces de resistir todo tipo de terremotos.
En Chile, llama la atención que el principal argumento para defender este tipo de proyectos sea considerarlos la solución inmediata de problemas energéticos “coyunturales”, como la actual estrechez energética que amenaza terminar en racionamiento. Por donde se lo mire, es imposible que siquiera atenúen dicho problema y menos que lo solucionen en el corto, mediano ni largo plazo.
Finlandia, el único país democrático, que construye desde el 2002 una nueva central nuclear, Olkiluoto 3, reconoció hace poco que tiene un atraso de más de tres años. Debía comenzar a generar electricidad en mayo de 2009, pero hace poco el gerente del proyecto, Jouni Silvennoinen, anunció en Helsinki que la inauguración de la planta "podría retrasarse hasta más allá de junio de 2012, que es el plazo actual confirmado por el fabricante de los equipos".
Y lo que es peor, inicialmente, se estimaba que costaría 4.100 millones de dólares, pero ahora ese cálculo aumentó a 7.200 millones, y no está claro cuánto va a costar en definitiva.
En Latinoamérica es lo mismo: los 3 países que han optado por la energía nuclear (Argentina, Brasil y México) han demorado en promedio más de dos décadas para el desarrollo de cada una de sus plantas de energía nuclear, considerando la fecha originalmente programada para entrar en operación versus la realidad. Esto sin considerar los costos de las mismas, que exceden a veces en miles de millones de dólares lo presupuestado.
En Brasil el proyecto Angra I tenía que funcionar el año 1972, sólo lo hizo comercialmente el año 1985. Trece años después de lo planificado.
El segundo proyecto, Angra II, planificado para comenzar en 1983, recién comenzó a operar en el año 2000. Un atraso de 17 años.
El tercer proyecto Angra III iba a entrar en operaciones el año 1984 y aún no lo hace. Ahora aseguran que partirá el 2015, treinta y un años después de lo presupuestado. La ineficiencia de la tecnología alemana, la corrupción y la incompetencia administrativa, hundieron el proyecto y lo convirtieron en uno de los mayores fiascos del Brasil, con un derroche de 12.000 millones de dólares en sus tres décadas de construcción.
En México las dos plantas, Laguna Verde I y Laguna Verde II se han demorado en entrar en operación 18 y 23 años respectivamente.
Por último, Argentina, que posee dos centrales en funcionamiento, Atucha I y Central Embalse tiene problemas con Atucha II, que ha demorado la friolera de 30 años. Estaba programada para entrar en funcionamiento en el año 1982 y en teoría entrará a operar, dicen, a fines del presente año, con un costo extra de cerca de 4.000 millones de dólares más de lo presupuestado.
Si realmente una industria nuclear en Chile demorara menos de 10 años en desarrollarse, tendríamos el record mundial. Pero de nada serviría para superar la coyuntura, que pretende justificar su aprobación.
Es legítima entonces la pregunta: ¿A quién le sirve desarrollar un plan nuclear en Chile?.
Primero a una industria nuclear mundial, que necesita vender su tecnología para financiar el sobreprecio con que hoy opera. El precio del uranio ha aumentado por lo menos 13 veces su valor desde el 2002, los que las hace operar con inmensos costos. Existen 3 países con reservas industriales de uranio (Australia, Canadá y Kazajstán) mineral que en 20 años va a escasear y cuya explotación sólo ha significado dolor y exterminio a los pueblos originarios.
Le sirve también a mega intereses geopolíticos y a la industria militar de muchos países, puesto que con el mismo uranio para la generación de electricidad se puede improvisar en inventos militares múltiples aquí en el sur del mundo.
Le interesa, por último, a diferentes actores de la vida nacional, ya que son proyectos que comienzan con un presupuesto fijo, que suele transformarse en presupuesto ilimitado, con criterios basados en principios como la seguridad nacional, el silencio, el resguardo. Criterios que no pocas veces esconden formas de corrupción que en nuestra sociedad comienzan a aparecer con más frecuencia.
En Chile que dispone de opciones de generación energética menos costosas y que se caracterizan por ser verdaderamente seguras, autónomas y propias, limpias, de futuro y sobre todo sustentables, hablar de energía nuclear, es por decir lo menos, inadecuado obsoleto y peligroso.
Chile es privilegiado por sus posibilidades energéticas, como la biomasa, la eólica, la geotérmica, la solar, las oceánicas y las micro centrales hidráulicas. Si a eso se agrega la eficiencia energética, se tiene un potencial que cubre todas las expectativas de desarrollo por años, y no sólo de Chile, sino de muchos otros países.

10 de febrero de 2011

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